martes, noviembre 11

Ariel Caballero



Ariel Caballero (reloaded)

Desde el año 1999, una peligrosa banda de maleantes aterrorizaba a buena parte de Santiago, financiada por personas no sólo adineradas, sino  también poderosas. Todos sabían quiénes eran y los oscuros negocios a los que se dedicaban (drogas, tráfico de armas, asesinatos y crímenes violentos), pero sus manejos eran tan hábiles y era tal el terror que infundían en la población, que nadie se atrevía a testificar en su contra y la policía no lograba dar con pruebas concretas que permitieran encarcelarlos. Era necesario que alguien aprendiera desde adentro sus técnicas y modo de proceder. Es por esto que la PDI decidió infiltrar a dos detectives jóvenes: Esteban Schimdt (27) y David Muñoz (33).

Esteban Schmidt era un joven de carácter confiado, vanidoso e irresponsable que pudo, pese a todo, ascender rápidamente gracias a su determinación y arrojo. Por ejemplo, fue uno de los pocos que estuvo dispuesto a aceptar la peligrosa misión de infiltrarse en el corazón de la mafia más peligrosa de Chile. Al principio, las cosas fueron bien: él y su compañero, por separado, se ganaron la confianza de los delincuentes con bravatas, borracheras e incluso participando en algunos delitos si era necesario. Así aprendieron no pocos datos útiles para la policía, que empezó a cerrar sus redes sobre la banda. Pero, por un descuido, Esteban lo echó todo a perder. Uno de los principales líderes de la banda descubrió un día documentos sospechosos (los reportes que escribía a sus superiores) y comenzó a sospechar. Lo vigiló de cerca, y pronto llegó a la verdad. Esteban y David se salvaron por un pelo, pues a esas alturas la policía tenía suficiente material como para apresar a buena parte de la banda, para gran alegría de los ciudadanos decentes.

Pero hubo otros que por falta de datos no pudieron ser condenados. Y no estaban precisamente contentos. Con su particular sentido del honor, juraron venganza contra los dos “traidores”. Así, pese a la protección policial, Esteban y David sufrieron sinfín de extraños “accidentes”. Dondequiera que fuesen, siempre había un auto presto a saltar sobre ellos, un balazo disparado por una mano misteriosa e inidentificable, algún objeto pesado que caía de las ventanas apuntando a sus cabezas. Esteban estuvo a punto de morir más de una vez, al igual que su amigo. Éste último, abrumado por la situación, incluso dejó el país, pero de nada le valió: un día apareció muerto en su departamento en Ecuador, con un certero tiro en la frente. No se pudo hallar una pista que condujera al asesino.

Esteban comprendió que, pese a la extraordinaria suerte que lo mantenía con vida, no iba a poder escapar por mucho tiempo más. Además, la Policía de investigaciones lo había invitado amablemente a retirase, por tratarse de un empleado conflictivo y propenso a meter la pata. Sin la protección que sus colegas le brindaban, su esperanza de vida descendía a negativo. Decidió entonces hacer algo radical. Le pidió a la PDI, como último favor, que lo ayudara a matar su identidad real. Ellos accedieron, y así, Esteban Schmidt fue declarado muerto y enterrado con todos los papeles correspondientes. El mismo día de su “funeral”, el joven viajó con una identidad transitoria al extranjero, donde con todo secreto se le realizó una cirugía que alteró sus rasgos faciales. Tiñó de rubio su cabello castaño, y tras varios meses de trabajo físico y sesiones de fonoaudiología, consiguió cambiar su musculatura y su tono de voz, que adquirió un timbre ronco e insinuante (hola gatito). Así, desembarcó nuevamente en Chile con el nombre de Ariel Caballero, una falsa doble nacionalidad Chileno-Española y un aspecto tan distinto que ni su propia madre lo habría reconocido.

Su principal objetivo era vigilar a los hombres que habían matado a su amigo (y que a él mismo lo habían obligado a renunciar a su vida entera) y conseguir de una vez las pruebas necesarias para encerrarlos de por vida. Pero pronto se dio cuenta de que estaba solo en el mundo, pues incluso para su familia más cercana, Esteban había muerto. Además, debía ganarse la vida de alguna manera. El primer problema lo resolvió acudiendo a su amiga de infancia Priscilla Harris, y revelándole

 –irresponsablemente- su secreto. Sólo le quedaba encontrar un trabajo, y recordó su sueño de infancia (de livin’ la vida loca como cantante de rock). Le hizo gracia pensar en ser alguien famoso, que todo el mundo conociera, y que sus mismos enemigos supieran de él sin siquiera sospechar que se trataba del hombre que habían perseguido. Así, moviendo hilos y contactos, formó una banda de rock metal-glam-seudo gay y comenzaron a presentarse. Al principio costó, pero, para sorpresa del propio Ariel, en un par de años se hicieron bastante conocidos, y pudo comenzar a disfrutar de su vida de rockstar, casi olvidando su objetivo primario…

Cuando ya llevaba un par de años de fama con su nueva identidad, su irresponsabilidad le pasó la cuenta en forma de un hijo no deseado con una conocida modelo de la farándula, que –encima- era casada. Ella hizo pasar al niño como hijo de su marido, pero es un asunto que en cualquier momento puede estallar.

Otro dato importante, y que ninguna cirugía podría alterar, es que Ariel tiene epilepsia, enfermedad crónica que lo afecta más que a otras personas que la sufren por la simple razón de que olvida tomar sus medicamentos con demasiada frecuencia.

Y como es cabeza dura y no aprende, sigue igual de irresponsable, vanidoso y arrogante…

 

6 comentarios:

Lix dijo...

jaja no puedo creer que escribí tanto... como que empecé y fluyó
parece que es cierto que bitume dejó un vacío en mi vida XD

Schattenmord dijo...

BITUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUME

Joyce Maureira Z. dijo...

shun the non believeeeeeer!

ta kool ariel 2.0

+ rudo, + irresponsable xD

Lix dijo...

le pusieron fome y te odio XD
ahh bueno si quieren no más :desprecio:

Joyce Maureira Z. dijo...

yo le puse fome po

y ke? me vai a pegar??





igual despues le puse cabron ;D

Lix dijo...

jaja no, no te voy a pegar...e ntré pk esperaba ver la historia de bernardo, con un dibujito ad hoc....pero ná